La alteridad, elemento clave para la configuración de una ética organizacional en los centros educativo.

in education •  6 years ago 

En la actualidad, con el surgimiento de la postmodernidad las sociedades han dado un avance significativo. La tecnología, la cientificidad, y la necesidad comunicativa como medio para solventar situaciones cotidianas, ha permitido entre otras cosas que se promueva en la sociedad un estado de avenencia entre los individuos, a pesar de las diferencias que entre estos existan, con el fin de establecer un ambiente armónico, tomando como pilar fundamental la condición humana que todos debemos cultivar y afianzar.
Sin embargo, la realidad dista de lo planteado ya que se ha dispersado dicha intensión, pues la misma dinámica social en su constante transformación ha dado cabida la reconfiguración del orden ético y moral de las personas que participan dentro de la dinámica social, ocasionando discrepancias y conflictividades que alteran y desdibujan la armonía que debe prevalecer en todo ámbito u organización. Dicha problemática no escapa de las organizaciones y centros educativos.
Es bien sabido, que los centros educativos, su organización y dinámica cuenta con características distintivas, pues es un sistema con la peculiaridad de que las interrelaciones entre docentes, estudiantes, directivos, administrativos, obreros, padres y representantes son la herramienta que dan paso al logro y cumplimiento de los objetivos institucionales, siendo la capacidad comunicativa; empleada mediante el lenguaje que sus miembros logran interactuar, cumplir sus funciones, sentir agrado por el medio en donde laboran, estar motivados por las metas propuestas, convivir y a la vez fortalecer el sentido ético, axiológico y humano que cada uno lleva consigo e irradia a todos los que participan en el medio en cuestión, pues en palabras de Román (2009), “la ética no suprime el conflicto de valores, sino que permite el diálogo, la comprensión y la tolerancia de la pluralidad, facilita el contraste de pareceres y de experiencias entre los individuos y las culturas (p.186).
Entonces, al conjugar los elementos mencionados anteriormente, la alteridad subyace como el componente necesario para el fomento de una organización educativa fundamentada en valores éticos, pues es importante la aceptación del otro, la reciprocidad y el encuentro con los semejantes para poder llegar a acuerdos que vayan en pro de afianzar los procesos inmersos en ella y el bien común. Aguilar (2005), explica que
El que toma en cuenta la alteridad debe estar dispuesto a escuchar, pero a escuchar en un sentido fuerte que significa estar dispuesto a dejarse transformar por las implicaciones prácticas de lo que el otro dice, dando todo su peso al tú, exigiendo dejar valer los puntos de vista del otro recogiendo el derecho objetivo que tiene de expresar su opinión (p. 54)

En este sentido, afianzar elementos de la alteridad en las organizaciones educativas propicia el encuentro de los interlocutores para abordar expresiones y pensamientos promoviendo la diversidad de ideas, donde lo relevante es el reconocimiento de los otros, los cuales aun manifestando diferentes opiniones, tienen la intención de construir una realidad común. Entonces la interacción y la coexistencia entre los miembros tiene sentido cuando las partes involucradas a pesar de sus diferencias, se escuchan, comprenden y actúan de forma mancomunada por el logro del bien común.
Es precisamente esta conjunción la que permitirá que la organización educativa fluya de forma armónica, pues el valor de la alteridad está en propiciar el entendimiento entre los individuos, incentivando el fomento de la humanización en las relaciones organizacionales, fomentando una comunicación eficiente y principalmente en donde todos los individuos actúen en pro de alcanzar el bienestar y el equilibrio institucional.
Sin embargo, esta premisa requiere de la disposición de los involucrados para entre ellos, escucharse, entenderse y llegar a consensos, más aun en una organización educativa en la cual los procesos giran en torno a las interrelaciones efectivas que se dan entre el colectivo escolar, las cuales sólo se logran mediante la alteridad; desde su visión entendimiento mutuo, en donde tal comprensión produzca en los involucrados la necesidad de asumir la postura del semejante y actuar en pro de su ideal sin dejar de lado los propios. Es decir, un postura que trascienda de sólo hablar y escuchar; hacia un proceso en el que los individuos desde su ser, actúe empáticamente para el logro de consensos y armonía, pues la alteridad para González (2008), “es una forma de relación del yo hacia el otro” (p.58).
Es imperante que los docentes, estudiantes y todos los que hacen vida en los centros educativos comprendan que la práctica educativa parte de comprender que es en este medio en el que se refuerzan los valores éticos y morales, es aquí donde se cultiva la capacidad de entender, comprender, apoyar y respetar a los demás, la empatía, sinergia y demás elementos que fortalecen a la comunidad y a las sociedades.
Por tanto se necesitan de centros educativos colmados de docentes que niveles éticos propios y cónsonos con la labor que desempeñan, que con su ejemplo motiven a las personas a su alrededor a trabajar por el bien colectivo, minimizando la conflictividad partiendo de su compromiso ético y principalmente comprendiendo que es desde su propia condición que los cambios pueden producirse, desde su ser.

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